A lo largo de la vida, hacemos muchas listas: lista del supermercado, lista de invitados, lista de cosas para hacer, lista de casamiento, lista de espera, etc. El otro día, mientras me fundía en una abrazo tanguero con un caballeroso hombre, me confesó, sin ton ni son, que quería anotarse voluntariamente en mi lista de espera. Me propuso, concretamente, ser el primero al que yo llame cuando decida viajar, ir a tomar algo o hacer lo que la gente grande hace. Si bien le hice saber de las nulas probabilidades de que le enviara aunque sea, un mísero mensaje de humo, él insistió en “pertenecer” –con o sin privilegios-. Y Mientras me exiliaba de la pista con una sonrisa, pensaba en esa frase que más de una vez me han dicho y, porque no, he dicho también: donde me anoto.
La nómina incluye personas que no nos gustan, pero ellos sí de nosotros. Están siempre al pie del cañón, vigilando todos nuestros movimientos. Sirven para aumentarlos el ego con un mail, para recibir piropos por msn, para que nos hagan invitaciones exóticas o para que nos saquen a bailar y sentirnos bellos. Es simplemente, hacer una colección de cortejantes para estamparnos la etiqueta de la potabilidad o darnos el free pass al mercado de lo deseable. Recordemos: les gustamos y no está mal aprovecharse de eso. Antes tenías un solo “pretendiente” con el que te ibas a casar. Ahora abrí el msn y decime.
Alguien nos mira deseándonos y se desespera porque le digamos que si (cosa que nunca ocurrirá), las colecciones, por lo general, suelen ser intocables. Están ahí, en la repisa, guardaditos en un cajón, o bajo llave. Aunque no lo querramos admitir, nos dan cierta seguridad. Implica dedicación y una pizca de obsesión .. de ambas partes, y para bien o para mal, las colecciones nunca se terminan. Uno entra en un juego histérico interminable, no concreta nunca, no coje , se pone celosísimo si nuestro coleccionable se pone de novio (!?) y lo peor de todo es creer que todo es eterno. Porque llega un día en que te pones en pareja y te obligas(n) a tirar lo que tanto te costó reunir. Pero, al fin y al cabo, todo lo que juntamos tiene que ver con alguna época de nuestra vida, ocupan lugar, juntan mugre y solo sirven para mirar y nada más que mirar.
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